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La llegada de un hijo es un evento singular que permite observar su cre- cimiento y aprendizaje diario. Los padres son los primeros educadores, y a través de la interacción y estimulación como hablar, jugar, imitar, se fortalece el vínculo afectivo, la seguridad del niño y el desarrollo cerebral.
Las mejores oportunidades para disfrutar juntos son los momentos familia- res y comunitarios de la vida diaria, como la alimentación, el descanso, el aseo, la vestimenta, entre otros. Estos son espacios para estrechar vínculos afectivos.
Cada niño es único y, aunque su desarrollo sigue procesos similares, el ritmo varía. Lo esencial son las oportunidades y experiencias familiares, así como los vínculos con personas significativas.